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Lo que haces habla tan alto, que no me deja oír lo que dices

Hace unos días me encontré en el DES- Madrid a un conocido de la profesión y vino a saludarme, capte su incomodidad en el saludo y sin embargo fue correcto con sus palabras, aunque sus gestos transmitían nerviosismo, tensión, y su sonrisa era forzada, él se empeño en querer ser amable. Resultado: “Lo que haces habla tan alto, que no me deja oír lo que dices”.

Cada vez más soy más consciente, de la importancia de ser congruente y consistente en las relaciones, hay que crear vínculos agradables, sostenibles y estar abierto a una comunicación basada en la empatía y honestidad, y reducir los falsos compromisos, aquellos que “ lo que parece y no es”, que pereza!!!!!

En la intención esta la clave en la conexión con los demás, lo que los otros captan de la intención, va más allá de lo que decimos y es lo que impacta en la comunicación. Cuando la intención y las palabras no tienen la misma sintonía, lo que nos llega con claridad es la intención. Para captar la autenticidad de las personas y los hechos, hay que poner en valor todos los sentidos y observar más allá de las palabras. Y este es un filtro que tenemos que tener en cuenta que no lo usamos cuando establecemos contacto y relaciones por internet.

El antropólogo Albert Mehrabian, realizó un estudio sobre que es lo que más impacta en la comunicación entre las personas, y el resultado fue: la palabras sólo tienen un impacto del 7%, el 55% es el lenguaje no verbal (gestos, posturas, mirada, etc.) y el 38% el para verbal (voz, entonación, volumen, etc.).

Recomiendo desarrollar la habilidad de estar atento y presente para captar la intención-sensación de las personas y/o situaciones. Hay que establecer  contactos con sintonía, el mejor lenguaje para hacerlo es la mirada  y lenguaje corporal, tan sólo necesitas 30 segundos. Y así puedes establecer una conexión, ideal para iniciar y establecer una conversación con escucha activa y amabilidad con posibles de atraer relaciones de negocio, oportunidades, etc. Y como networker digital, la reflexión me lleva a que los contactos en las redes sociales y profesionales  deben de ser selectivos y filtrados aplicando criterios que faciliten crear vínculos interesantes y de interés mutuo y sostenible, para ello tienes que tener un perfil digital , objetivos y posicionamiento claro para atraer oportunidades de valor.

El mensaje eres tú, una huella única e irrepetible de tu marca personal.

 

 

 

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Lo creas o no, tú ya tienes una marca.

Si te preguntan “qué te hace único/a a nivel profesional?”, ¿respondes inmediatamente?

No todos tenemos clara la respuesta o no la podemos dar al momento…es frecuente que nos cueste y debamos reflexionar durante unos minutos, horas o días…
No es siempre fácil descubrir por uno mismo aquello que te hace único/a, diferente, singular, especial…. Porque en ocasiones nos centramos más en mejorar nuestras debilidades que en potenciar nuestras fortalezas.

¿Es un tema cultural? A la mayoría nos enseñaron a no presumir, resaltar o darnos la licencia de “echarnos flores” …por no caer en la falta de modestia.

Pero lo que sí sabemos es que todas las personas tenemos una marca.
Saberla gestionar es la clave del éxito. Y no es un trabajo sólo para unos cuantos…sino para todos.

En las organizaciones, cada vez más nos diferencian no sólo por nuestras competencias sino por cómo estamos comprometidos con el propósito, visión y valores de la organización, fortaleciendo los lazos mediante la confianza y la transparencia. Mostrar abiertamente cuál es nuestro propósito y potenciar nuestras fortalezas, mostrará nuestra apertura y reforzará la confianza mutua.

Reflexionemos… si no te “vendes” a ti mismo, ¿quién lo hará? ¿Debemos esperar a que otros lo hagan por nosotros? ¿Y qué dirán? ¿Nos sentiremos cómodos o estaremos 100% de acuerdo? ¿ Y si no es lo que esperábamos?

Tomar las riendas y gestionar nuestra propia imagen y reputación, ayudará a explotar nuestra ventaja competitiva. Eso es lo que nos hace únicos, nos diferencia claramente y nos da valor.

Preguntar a nuestro entorno (familia, compañeros de trabajo, jefes, amigos) nos da información y un feedback poderoso que deberemos contrastar con lo que pensábamos de nosotros…revisando y chequeando la definición de nuestra ventaja (unique value proposition).

 

Y una vez sé qué es lo que me hace único, ¡voy a contarlo!
Se trata de comunicar mi marca, de ir labrando mi reputación…no de cualquier forma, desordenadamente o sin un objetivo, sino que debemos fijar un plan y escoger en qué canales queremos que nos reconozcan y nos sigan. Para ello, hay infinidad de herramientas (life map, thinking map, apoyo de mentores en marca profesional, estrategia de branded content , storytelling…)… ¡es cuestión de empezar!

 

Sigue un plan de contenidos online y offline realista, comprométete… ¡y adelante!
Que no te paren, porque ERES ÚNICO/A.

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¿Gestionas tu Identidad Digital?

Cuidar de nuestra IDENTIDAD DIGITAL se ha convertido en una tarea más de nuestro día a día personal y profesional.

No podemos descuidar el revisar, adaptar y gestionar nuestros perfiles digitales. No se trata sólo de “estar”, se trata de mantener una imagen coherente, apelando a la conciencia, transparencia y concreción, para generar confianza.

 

En muchas ocasiones, me preguntan qué es la identidad digital.
Mi respuesta es: tu marca; es decir, el recuerdo que dejas o el impacto y reputación que creas en los demás, a través de los canales online en los que estás presente (incluso en los que no estás).
Crear tu identidad digital no es más que trasladar al online los trazos de tu personalidad, lo que te interesa, tus habilidades, competencias y opiniones… ¡tú esencia!

Los directivos de las organizaciones tienen además el reto de ser el ejemplo.
Esto consiste en una mezcla de lo personal y lo profesional. La clave está en saber utilizar las herramientas y redes que tenemos a nuestro alcance. Para cada profesional y según sus objetivos, serán unas u otras. O todas. Ahí radica el saber cuál es mi objetivo, qué quiero conseguir, cuál debe ser mi mensaje y con quién debo relacionarme.
Si quieres cuidar tu imagen digital, no uses las redes, gestiónalas.

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Esencia Digital

Abrí mi cuenta en LinkedIn en mayo de 2004, mi cuenta en Facebook a mediados del 2007, y mi cuenta en Twitter en el 2008. Para mí, era una curiosidad más.

Mi primera conversación a través de un ordenador fue en 1989 – antes del nacimiento de la World Wide Web.

El medio entonces eran los BBS – Bulletin Board Systems. Se trataba de ordenadores que mediante un modem permitían una conexión entrante. Al depender de la línea de teléfono, se solía hacer cola ya que solo podía conectarse un usuario a la vez. El sistema permitía dejar mensajes en tablones de anuncios públicos y privados, intercambiar software y noticias.

Tras las BBS, me convertí en usuaria de IRC (Internet Relay Chat) llegando a ser incluso IRCop de algunos canales (operadora). Fueron muchas las horas de pruebas con bots, intercambios de mensajes con cientos de personas, y aprendizaje de diferentes clientes.
Por descontado que era una afición muy difícil de compartir con mi entorno porque la mera explicación de la idea chocaba con la incredulidad y el escepticismo de la época.
Aquello era raro y peligroso.

Gracias a Mosaic, el primer navegador gráfico, presentado en 1998, y a Compuserve, que nos permitió tener la primera dirección de correo electrónico, chats e intercambio de archivos – la simple idea de relacionarse con una persona por ordenador ya empezó a popularizarse. Empecé a ser normal.

Han pasado unos cuantos años desde entonces, y ahora las redes sociales forman parte de nuestra cultura de primer mundo, y poco a poco van usurpando relaciones convencionales.

Como en todo, aparecen profetas, estudiosos y creadores de métodos infalibles. Todos aportan, claro, pero el término anglosajón «learning by doing» tiene más sentido que nunca.
El uso diario te dará la sabiduría. Nosotros, los formadores, tan solo tenemos que guiar y ayudarte a buscar tu propia esencia digital.

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La revolución digital en la vida profesional

La revolución digital no es una novedad, es un hecho que lleva en nuestras vidas más de cuatro décadas. Hay que perderle el miedo.
Por eso yo abandero el #NoAlAcojoningDigital. Es una de mis máximas.
Tenemos el privilegio de asistir a la revolución digital como protagonistas, y no como víctimas, así que, ¡a perderle el miedo!
La importancia no es tanto qué pasa en el mundo digital, sino cómo lo vivimos nosotros. Cuál es nuestra actitud. Lo abiertos y flexibles que seamos a la hora de sumarnos a ella.

Que estamos híper-conectados es un hecho, el poder de la tecnología, espectacular. Es el lenguaje con el que nos manejamos ahora y, como siempre digo, el lenguaje crea la realidad. Por eso, repito, #NoAlAcojoningDigital. Vivamos esta realidad, subamos a la cresta de la ola de la revolución digital y surfeémosla, combinando nuestras mejores versiones online y offline.

Y mi forma de vivirla es la siguiente: mi versión online 5.6. es la prueba de mi curiosidad y mi optimismo digital. La curiosidad la voy satisfaciendo a medida que mejoro y crece el número de mi versión. Me siento un valor al alza, con actualizaciones y mejoras respecto de la versión anterior. ¿Tiene, o no tiene sentido vivirlo así?

Esta versión online convive con mi versión offline, que podría ser mucho más despiadada. Porque (aunque no es mi caso), una mujer de 56 años está en el umbral de la madurez. Y si uno se despista un poco, podría pensar que le quedan dos telediarios en el mundo laboral. Pero llega un momento en la vida en el que las comparaciones con la eterna juventud son aburridas.
¿O no?